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By Colin Wilson

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8 Esto bien se puede entender en el sentido de que en la situación original las partes tienen no obstante conocimiento de aquel tipo de reciprocidad vinculante que determinará en el futuro la convivencia de sus clientes, aun cuando primero tienen que conducir sus negociaciones bajo otras premisas. No hay nada que objetar a tales estipulaciones. Mi pregunta es sólo si un diseño ampliado de este modo no pierde su gracia, porque se aleja excesivamente del modelo originario. Pues tan pronto como las partes avanzan un paso más allá de los límites de su egoísmo racional y adoptan aunque sólo sean lejanas semejanzas con personas morales se destruye aquella división del trabajo entre la racionalidad de elección subjetiva y las apropiadas limitaciones objetivas, una división en base a la cual sujetos de acción autointeresados deben no obstante llegar a realizar decisiones racionales, es decir, morales.

El liberalismo político es neutral en relación con las concepciones del mundo porque es una construcción racional que no se plantea a sí misma una pretensión de verdad. Finalmente, en un tercer paso, esboza Rawls los derechos básicos y los principios del Es1. J. Rawls, Political Liberalism IV, Nueva York, 1993, pág. : El liberalismo político, Barcelona, Crítica, 1996]. RECONCILIACIÓN Y USO PÚBLICO DE LA RAZÓN 43 tado de derecho que se derivan de los dos principios superiores. Siguiendo el orden de estos pasos plantearé algunas objeciones que apuntan menos al proyecto como tal que a algunos aspectos de su realización.

Esta diferencia entre igualdad jurídica e igualdad fáctica no encuentra ninguna aplicación a los «bienes», como diría Wittgenstein, por razones de gramática. Pero si la concepción de los bienes básicos se tiene que corregir en un segundo paso, uno se pregunta entonces si el primer paso —el diseño de la posición original que forzó esta concepción— fue un paso sabio. 3. Las reflexiones realizadas hasta aquí muestran que para las partes de la posición original la capacidad de decidir racionalmente no es suficiente para representar los intereses prioritarios de sus clientes ni para entender los derechos (en el sentido de Dworkin) como triunfos que prevalecen sobre todo fin colectivo.

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